EL PROBLEMA ENERGÉTICO Y LA GESTIÓN DE DEMANDA

Actualmente la humanidad se encuentra en un paradigma de confort energético. La disponibilidad de energía es cada vez mayor y muchos de nosotros no concebiríamos un mundo donde no contáramos con este servicio al alcance de nuestra mano. Esta disponibilidad en su mayoría se encuentra asociada a la explotación de los combustibles fósiles, aquellos que han impulsado el desarrollo económico, social y tecnológico desde el siglo XVIII con la revolución industrial.

Sin embargo existen unos inconvenientes asociados al consumo de los combustibles fósiles y que influyen considerablemente en dos de los retos principales que enfrenta la humanidad, como son asegurar el abastecimiento energético y reducir el deterioro ambiental. Por una parte, los combustibles fósiles como cualquier recurso geológico son limitados. Además, por su composición química (contenido de carbono) su proceso de combustión libera a la atmósfera gases de efecto de invernadero (GEI), responsables del calentamiento de la atmósfera derivado de las acciones del hombre. Los datos revelan cada año el incremento de temperatura, derretimiento de casquetes polares y el aumento de eventos meteorológicos asociados al calentamiento global. Estos eventos acompañados de otros con diferentes impactos (extinción de especies, pérdida de terrenos cultivables o urbanos e insostenibilidad de la vida) pueden aparecer o elevarse significativamente si el contenido de GEI genera un aumento de la temperatura en la atmósfera de dos grados centígrados. Se calcula que con las reservas comprobadas de combustibles fósiles existe hasta cinco veces la cantidad de este recurso para que el contenido de GEI en la atmósfera produzca este aumento de temperatura.

Los principales esfuerzos para combatir el uso de los combustibles fósiles se debe centrar entonces en el uso de fuentes de energía no convencionales y renovables y en la gestión de la demanda energética.

A pesar de la importancia de generar energía a partir de fuentes renovables no convencionales, estas tecnologías son relativamente nuevas y muchas de ellas en sus procesos o ciclos de vida tienen un consumo de energía significativo. La fabricación de las turbinas eólicas, la conversión de sílices en paneles solares o la obtención del hidrógeno son algunos ejemplos.

De aquí parte la necesidad de la gestión de la demanda energética y en este aspecto de los sistemas de gestión de energía. A parte de ser una metodología que se encuentra completamente desarrollada por organismos especializados, permite su implementación en cualquier tipo de organización de forma prácticamente inmediata con unos costos de inversión que se recuperan rápidamente gracias al ahorro energético obtenido. Además complementa el punto de desarrollo sostenible establecido en los Planes de Desarrollo nacional, departamentales y municipales y permite acceder a otros beneficios económicos como aquellos establecidos por la ley 1715 de 2014.

Los sistemas de gestión de la energía son un conjunto de herramientas y procesos integrados que permiten a cualquier tipo de organización facilitar el mejoramiento de su desempeño energético, planteando preguntas sobre cómo están utilizando la energía y que tan eficientes energéticamente son los procesos que desarrolla. Al ser un sistema basado en el ciclo PHVA (planear, hacer, verificar y actuar), se establece un proceso que de la mano con el compromiso de la dirección y del recurso humano con que cuenta la organización genera una mejora continua del uso, consumo y energía de las actividades energéticas sin sacrificar en ningún momento la productividad.

El hecho de hacer gestión de la demanda a través de los sistemas de gestión de energía en las organizaciones, les permite contar con bases establecidas de políticas y metas energéticas, así como con herramientas y procesos para mejorar continuamente su desempeño energético. De igual forma contar con un sistema de gestión de la energía brinda a las organizaciones la oportunidad de integrar el sistema a otros sistemas de gestión (calidad, ambiental, seguridad y salud) generando un valor agregado en los productos o servicios misionales que desarrolla y permitiendo fortalecer las relaciones con clientes y su imagen corporativa.

Los sistemas de gestión de energía se establecen como una actividad para generar un cambio en el paradigma del confort energético. Es preciso conocer las consecuencias del uso y desperdicio de la energía al interior de las organizaciones no solo para beneficio económico sino como una necesidad ambiental inminente.

Andrés F Pastrana Gómez – Gerente